¿Se puede contar el desarrollo económico de una
región sin recurrir a términos incomprensibles? ¿Hay manera de transformar las
cifras gélidas en historias de gente común? Este libro lo intenta. Durante
meses, periodistas y escritores de todo el continente —los venezolanos Sinar Alvarado y Boris Muñoz, la ecuatoriana Gabriela
Alemán, el brasileño João Paulo
Cuenca, el peruano Julio VillanuevaChang, los mexicanos Álvaro Enrigue, Marcela Turati y Wilbert
Torre, los argentinos Leila
Guerriero, Graciela Mochkofsky y
Hernán Iglesias Illa, el
guatemalteco Eduardo Halfon, la
uruguaya Ana Laura Lissardy, el
boliviano Edmundo Paz Soldán y el
colombiano Alberto Salcedo Ramos—
viajaron por países de la región para encontrarse con personas que vieron cómo
su vida cambiaba a partir de una pequeña o una mediana inversión y que, desde
entonces, con mejor y peor suerte, han intentado creer en lo que ya pocos
creen: la posibilidad de un porvenir. Hacer
la América es un enorme mural que refleja el lado B del territorio latinoamericano;
no aquél que rima con la violencia, el conflicto y la pobreza sino con la más
perturbadora de las palabras: la esperanza.
Conocí a Luciano Alonso cuando trabajaba
de empleado de una librería. Fue hace unos cuantos años. Me llamó la atención
su perspicacia para orientar a un lector, lo que tenía su explicación. Un
fervor por la lectura, un fervor que podía explicarse a través de su curiosidad
omnívora y también de su gusto afilado. Un lector obsesivo, de los que no
abundan. (Y menos en las librerías actuales.) La obsesión Alonso la tradujo en
su ensayo sobre Philip K. Dick, una guía de lectura que en su amenidad refería
no sólo la pasión por este escritor sino también en su manera de acercarse a
una obra sin dejar que se le escaparan aún sus textos menos difundidos. Ahora
vuelve a la carga con Roberto Bolaño. Acá Alonso retorna con la misma obsesión
de lectura. Pero creo que hay una diferencia en su objeto de lectura. Hablo de
una identificación con Bolaño. Porque, como Bolaño, Alonso es un lector que no
le teme a las lecturas más diversas sobrepasando los límites de géneros. Estoy
convencido de que esta guía de lectura de su obra le habría fascinado a Bolaño.
Porque como el escritor chileno – a su manera un escritor argentino y, en
consecuencia, borgeano – Alonso persigue en la cronología puntillosa de Bolaño
y en la descripción de sus tramas la construcción de una lectura totalizadora
que, incluyendo lo que puede ser descriptivo, permite seguir su obra como un
lector detective tan salvaje como inteligente en cada paso de su investigación.
Quien busque pistas para la comprensión de Bolaño, acá las encontrará. Una
reflexión ahora: más de un escritor suele declarar que prefiere leer a
escribir. Pues bien, Alonso pone los dos verbos en acción.
Con
la participación de su autor, Ignacio Apolo, acompañado por Elsa Drucaroff.
Durante el evento, se
representarán algunas escenas de esta novela, que serán dramatizadas por María
José Gabin, Lucas Barca y
Martina Carou.
Martes 4 de noviembre a las 19 hs
Centro Cultural de la Cooperación
Av. Corrientes 1543, CABA.
¿Quién es Caty, extraña nena sorda a quien
su siniestra madre privó de lenguaje? Sus dibujos expresan terror. Una joven
psicóloga fascinada por el misterio se involucra, con compromiso demencial, en
el complejo universo de la sordera. Una apasionada relación con Leo, maestro de
Arte, termina de sumergirla en una trama policial que la arrastra al interior
de Argentina en un descenso mítico al desierto.
Ignacio Apolo entrega su segunda novela. La
anterior es de culto: Memoria falsa, fundacional en la narrativa de
postdictadura de 1996. En esos tiempos de impunidad y prohibición de la memoria
crítica, leímos: “el mundo tiene veinte años”. Hoy, La apropiación puede ser
metáfora del presente herido, donde la apropiación física de una niña interroga
la apropiación simbólica de nuestra sangrienta, traumática historia. Mucho más
que un thriller psicológico, esta novela desborda sensualidad, excesos,
obsesividad, violencia. Exhibe los esfuerzos para construir un lenguaje propio,
no solo para los sordos.
Elsa Drucaroff
Ignacio Apolo es
dramaturgo, escritor y docente. Formó parte de la renovación de la dramaturgia
argentina en los noventa junto con otros dramaturgos como Rafael Spregelburd,
Javier Daulte y Alejandro Tantanian. Sus piezas teatrales se estrenaron en
Buenos Aires (Teatro San Martín, Centro Cultural Recoleta, Ciudad Cultural
Konex, entre otros) y también en el exterior (Inglaterra, España, México,
Suecia).
Recientemente
obtuvo el Premio Internacional Casa de las Américas por su obra El tao del sexo, escrita en coautoría
con Laura Gutman y puesta en escena bajo su dirección en el Teatro Nacional
Cervantes. Esta es su segunda novela; la primera, Memoria falsa (Premio Proyección Banco Patricios) fue publicada por
Editorial Atlántida en 1996 y reeditada por la editorial Funesiana en 2010.
Intensamente italiano se perfiló el mes de octubre en Buenos Aires, no sólo porque se inició en la Universidad del Salvador con el XXX congreso ADILLI, organizado por la Asociación de docentes de lengua y literatura italianas, sino que además continuó con los eventos de la XIV Semana de la Lengua italiana en el mundo y con los festejos del día de Italia por Avenida de Mayo.
¿Fue intencional? Diría mas bien una feliz coincidencia de las diversas actividades culturales que forman parte de la agenda porteña. Que la cultura italiana sea objeto de un cierto malentendido es una sospecha que circula entre la gente del mundo editorial. El lector medio argentino supone que sabe mucho sobre la literatura y el arte italianos, en su sangre encierra los genes que le permiten entender ese mundo cultural aún antes de haberlo estudiado y sin necesidad de leer novelas, ensayos u otro tipo de texto. Nada más equivocado, lamentablemente, y los eventos programados en estos días lo han confirmado.
Remo Ceserani, docente de la Universidad de Bologna y uno de los principales críticos literarios italianos activos hoy, dictó su conferencia sobre “Cortázar, Tabucchi y Byatt, ¿es posible hablar de neofantástico?” en el salón de actos Ignacio de Loyola, frente a una platea de docentes de italiano que pertenecen a universidades argentinas, brasileñas, uruguayas e italianas. Fue el inicio de tres días intensos de presentaciones, debates, encuentros culminados en el prestigioso salón Benedetto Croce del Instituto Italiano de Cultura con la conferencia de María Esther Vázquez quien rememoró los orígenes de la colección de textos fantásticos editada por Franco María Ricci sobre la base de las elecciones hechas por Borges y la misma Vázquez.
En la semana que empezó el 20 de octubre, todas las instituciones italianas abocadas a la enseñanza de la lengua del Dante prepararon actividades en respuesta a la convocatoria del Ministerio de Asuntos Exteriores italiano que cada año desde el 2001 propone un lema. En esta ocasión, el tema elegido se refiere a las publicaciones digitales y la relación entre Italia y la nueva Europa. Desafío bastante complejo porque en realidad, desde la mirada rioplatense, Italia y Europa son dos entidades culturales variadas y de múltiples facetas, aunque tal vez confusas. Esta razón justifica entonces que se haya podido hablar tanto del mismo Dante Alighieri y su relación con Argentina, como de Stefano Benni quien también es una presencia muy querida en las callecitas de Buenos Aires. Como declaró en su última visita, el escritor boloñés conoció la ciudad por primera vez junto a Osvaldo Soriano, en vagabundeos artísticos y literarios que empezaban rigurosamente después de medianoche.
Sin dudas, el lugar por excelencia para la difusión de la cultura italiana es el Instituto Italiano de Cultura, que cuenta con una trayectoria amplia y reconocida desde su fundación. Este año, la XIV Semana de la Lengua italiana en el mundo coincidió con la visita del presidente del senado italiano, Pietro Grasso, con lo cual resultó bastante complejo conciliar las varias exigencias. De todas formas para la apertura del ciclo de encuentros Marco Marica, agregado cultural de la Embajada de Italia, tuvo el honor de presentar el profesor Alberto Filippi, historiador de la Universidad La Sapienza de Roma, quien moderó una mesa redonda sobre la industria editorial italiana y sus relaciones con la cultura local.
Si se quiere encontrar un elemento común en todas estas actividades, se puede poner en el centro la palabra encuentro, pues los momentos inolvidables de este rico programa comparten todos el hecho de haber permitido que se realizaran emotivos encuentros. Encuentro del texto con el lector, gracias a Giampaolo Samà quien leyó páginas de Benni, Calvino, Ariosto y Dante en la jornada inaugural de ADILLI 2014, cosechando un cálido aplauso que lo sorprendió, y más tarde durante la semana de la Lengua italiana en el mundo recitó poesías de Gaber, Benni y otros. Encuentro de Remo Ceserani con la escritora y periodista Gisela Antonuccio quien lo entrevistó para el diario La Nación. Encuentro de los estudiantes del colegio Cristoforo Colombo quienes dialogaron con Fernando Fagnani y Beatriz Raffo sobre las pocas traducciones del italiano realizadas en Argentina, en contraste con otros periodos más fértiles para los intelectuales locales. Encuentro de docentes, investigadores y apasionados de literatura italiana quienes en el breve espacio de un mes lograron actualizar sus informaciones sobre la actual literatura italiana.
A los
66 años, John Waters sigue tomando riesgos y poniéndose a prueba. Con su lúcido
ingenio, su delgado bigote y un cartel que reza “No soy un psicópata”, emprende
un viaje a dedo desde su querida Baltimore natal hasta San Francisco,
desafiando solitarios caminos y anónimos conductores para cumplir sus sueños de
vagabundo glamoroso. Pero, ¿por quién deberíamos preocuparnos más? ¿Por el
delicado director de cine con buenos modales? ¿O por los desprevenidos viajeros
que transportan al Pontífice del Trash?
VIDEO: John Waters imparte en TAI su única master class en España.
Antes
de embarcarse en esta audaz aventura, Waters fantasea con los mejores y los
peores destinos posibles: un amistoso traficante de drogas le regala una suma
importante de dinero para financiar sus proyectos, un corredor le hace una
obscena propuesta sexual en medio de una carrera de coches, y una brigada
homofóbica de Kansas lo lleva a prisión; en definitiva, las extravagantes
escenas a las que nos tiene acostumbrados en sus películas. Pero, ¿qué es lo
que realmente sucede cuando esta leyenda de culto asoma su pulgar a la ruta y
se enfrenta a las peripecias de la carretera? Lejos de aquellas delirantes
fantasías, con humor subversivo y cálida inteligencia, la mirada de Waters
transforma las largas horas de espera en los caminos, las noches en anodinos hoteles
de paso y la compañía de los ciudadanos comunes del interior de los Estados
Unidos en una aventura encantadora.
John Waters: bautizado
por William Burroughs como “el Pontífice del Trash”, es el creador y director
de películas tan particulares como Pink
Flamingos, Polyester, y Hairspray,
entre muchas otras. Nacido en Baltimore, pero residente también en San
Francisco y Nueva York, cuenta con una extensa carrera como cineasta y
escritor. Rodeado permanentemente de criaturas anormales, de desviados
adorables. Actualmente realiza un espectáculo de stand-up llamado This Filthy
World.
En 2012
Caja Negra publicó su libro Mis modelos
de conducta.