viernes, 20 de diciembre de 2019
Irene Vallejo gana el Premio Ojo Crítico de Narrativa 2019
IRENE VALLEJO
El infinito en un junco La invención de los libros en el mundo antiguo PREMIO OJO CRÍTICO DE NARRATIVA 2019
Irene Vallejo ha obtenido el Premio El Ojo Crítico de Narrativa 2019, que concede Radio Nacional de España, por El infinito en un junco. La invención de los libros en el mundo antiguo.
El jurado ha declarado que la obra es «un viaje a la cuna del pensamiento y del conocimiento, a través de la historia de los libros. Una defensa del mundo clásico. Una narración basada en una investigación minuciosa que nos conduce a las raíces de las civilizaciones de Grecia y Roma, conectándolas con la actualidad».
«Muy bien escrito, con páginas realmente admirables; el amor a los libros y a la lectura son la atmósfera en la que transcurren las páginas de esta obra maestra. Tengo la seguridad absoluta de que se seguirá leyendo cuando sus lectores de ahora estén ya en la otra vida». MARIO VARGAS LLOSA «El encanto particular de este libro reside en su estilo. Vallejo ha decidido sabiamente prescindir o liberarse del estilo académico y ha optado por la voz del cuentista, la historia entendida no como ristra de documentos citados, sino como fábula».ALBERTO MANGUEL, Babelia, El País «No tengo más opción que rendirme ante un libro tan radicalmente hermoso como El infinito en un junco». LUIS ALBERTO DE CUENCA, Abc Cultural «Una admirable indagación sobre los orígenes del mayor instrumento de libertad que se ha dado el ser humano: el libro». RAFAEL ARGULLOL «Los libros de Irene Vallejo, claros e inteligentes, se leen muy bien e invitan a pensar. En la mejor línea humanista». CARLOS GARCÍA GUAL«Es un deleite leer la prosa de Irene Vallejo, creadora, brillante, plena de sensibilidad». LUIS LANDERO«Un libro genial, universal, único, que sin duda se convertirá en un clásico». JUAN BOLEA, El Periódico de Aragón | |||||||
Un recorrido por la historia del libro y de quienes lo han salvaguardado durante casi treinta siglos.
Con fluidez y permanente asombro, Irene Vallejo relata las peripecias del invento del libro, ese objeto inverosímil que mantiene vivas nuestras ideas, hallazgos y sueños. A lo largo de las páginas de El infinito en un junco nos adentra en la aventura de su nacimiento y en sus distintas formas: de humo, de piedra, de tierra, de juncos, de seda, de piel, de harapos, de árboles y, ahora, de luz.
Este ensayo es, además, un libro de viajes por el mundo antiguo. Una ruta con escalas en el Nilo, en los campos de batalla de Alejandro o en los palacios de Cleopatra. Y en este itinerario, Irene Vallejo nos invita a reflexionar sobre el valor de los clásicos y se entusiasma sobre los avatares que dibujarán nuestro futuro.
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El jurado ha estado formado por los escritores Manuel Longares, Manuel Vilas, Clara Obligado, Natalia Cerezo (ganadora de la anterior edición), Use Lahoz (ganador en 2012), el director del programa El Ojo Crítico, Alberto Martínez Arias y Berta Tapia, jefa del Área de Cultura de los Servicios Informativos de RNE.
Los Premios El Ojo Crítico, que celebran este año su XXX edición, fueron creados para ayudar a promocionar la carrera de jóvenes talentos y constan de la categorías de Artes Plásticas, Narrativa, Cine, Teatro, Música, Poesía y Danza. Entre los ganadores de la modalidad de Narrativa figuran autores como Marta Sanz, Lorenzo Silva, Fernando Royuela, Irene Gracia o Isaac Rosa.
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IRENE VALLEJO
(Zaragoza, 1979) estudió Filología Clásica y obtuvo el doctorado europeo por las universidades de Zaragoza y Florencia. En la actualidad lleva a cabo una intensa labor de divulgación del mundo clásico impartiendo conferencias y a través de su columna semanal en el diario Heraldo de Aragón. Es autora de numerosas obras, entre ellas, novelas, literatura infantil, ensayos y recopilaciones de textos periodísticos.
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viernes, 8 de noviembre de 2019
#Recomendado #Findesemana #Teatro #Reseña SOUFFLE DE ROSAS
RESEÑA: Soufflé de Rosas
por @MechaLuna
Cuando una obra es extraordinaria, entrás a un teatro o a las páginas de un libro y los sabés, lo sentís: no hay escapatoria, no se sale, no se vuelve, al menos no ileso.
Eso me pasó con Soufflé de rosas, la obra de teatro dirigida por Klau Anghilante y escrita por Cristian Cortés Galecio que se estrenó hoy en el teatro El Vitral con esta tremenda historia de dos mujeres, dos amigas, dos seres que se enfrentan a realidades tan distintas que se hieren y a la vez se espejan. El deber ser, los mandatos familiares, los prejuicios, la ceguera, la negación, la risa y la angustia de una existencia a veces autoimpuesta se abren camino en ese escenario, intentando desandar los pasos que las protagonistas (Y nosotros mismos) dieron a tientas, para desprenderse de esa soledad que las habita aun estando juntas.
Cada escena es magnífica, estalla como esquirlas de un espejo roto, en donde todas las mujeres sentimos el dolor de vemos reflejadas de una forma u otra en esa lucha por arrancar los jirones que aún restan de una sociedad patriarcal que se niega a abandonar esta piel que nos protege, nos atrapa y a la vez nos exilia.
La puesta en escena es una obra de arte en sí misma, el vestuario, las luces, el sonido, la música y las actuaciones de actrices tan jóvenes como Mai Danchuk, Lulu Ney, Candela Cande, Ludmila Chernomoretz y Agostina Franco Bec impactan con su talento y sensibilidad. Todas y cada una componen una sinfonía, una coreografía dulce y dolorosa que deslumbra y hermana.
Advertidos están: Es imposible salir ileso de esta obra.
Decía Jung: El encuentro de dos personas es como el contacto de dos sustancias químicas: si hay alguna reacción, ambas se transforman. Eso fue lo que sentimos, vibramos y sufrimos frente al escenario: Una transformación ineludible que nos condujo en un viaje hacia algún punto de nuestra propia historia, y esa transformación se reflejó en las risas, las lágrimas y en los aplausos espontáneos que no cesaron durante más de cinco minutos ininterrumpidos.
El arte es y debe actuar como la consciencia de la sociedad. El arte es denuncia, concepto, rebeldía y fuerza, y Peras al Olmo, ¡chapeau!, lo está haciendo realidad.
miércoles, 7 de agosto de 2019
#NovedadesEditoriales THOREAU EL SALVAJE por Michel Onfray (Ediciones Godot)
Michel Onfray
Ediciones Godot
Ensayo
Traducción: Edgardo Scott
Dibujos: Juan Pablo Martinez
El más grande de los grandes hombres es a menudo aquel que, para los
otros, no lo parece, que no hace ruido y atraviesa su existencia detrás de
huellas ontológicas. Sus combates son contra él mismo, sus victorias también.
Michel Onfray
En Francia —en París, a decir verdad—, Michel Onfray tiene
algo menos de filósofo de la École normale supérieure que de panelista de TV, a
la vez polémico, despreciado y necesario. Para el parnaso o star system de la
filosofía francesa, Michel Onfray es demasiado simple, demasiado ejemplar,
demasiado político. Tal vez Thoreau no fuera tan distinto para el Estados
Unidos de mediados del siglo XIX. Ese Estados Unidos menos poblado y ya
democrático, pero que incubaba grandes ansias imperiales y que era lógico que
ensayara con sus propios esclavos. Del encuentro simbólico entre estos dos
hombres, surge Thoreau, el salvaje. ¿Cuánto hay de Thoreau en Onfray, cuánto de
Onfray en Thoreau? ¿Cuánto de nuestra época se sigue reflejando en la pesadilla
del sueño americano, qué queda de la utopía del Oeste en nuestras manos
inútiles que descargan apps en segundos? En la noche de la filosofía contemporánea,
Onfray invoca el nombre de Thoreau, toma un cuchillo y graba en la corteza de
los árboles un libro elemental, imprescindible. ¿Una biografía breve? Un manual
de supervivencia para un mundo estúpido.
Edgardo Scott
ÍNDICE:
1. ¿Qué es un gran hombre? / 09
2. Autorretrato de su futuro / 21
3. Un indio entre los cowboys / 31
4. Una cabaña trascendental / 45
5. La contrafricción que detiene la máquina / 63
Michel Onfray
nació el 1 de enero de 1959 en Argentan, Francia, en el seno de una modesta
familia normanda. Cuando tenía diez años, fue abandonado en un orfanato
salesiano. Trabajó en una fábrica de quesos y fue empleado ferroviario. Se
doctoró en filosofía con 27 años con la tesis Les implications éthiques et politiques des pensées négatives de Schopenhauer
à Spengler [Las implicaciones éticas
y políticas del pensamiento negativo, de Schopenhauer a Spengler]. De 1983
a 2002, enseñó filosofía en un instituto de formación profesional de la ciudad
de Caen. En 2002, junto con otros profesores de filosofía, crea la Universidad
Popular de Caen, donde da seminarios anuales, gratuitos y libres, en los que
cruza hedonismo, anarquismo y estética. Reconocido ateo y socialista
libertario, Onfray tuvo gran repercusión con su Tratado de ateología, publicado en 2005 por Ediciones de la flor. Thoreau, el salvaje es su primer libro
publicado en Ediciones Godot.
martes, 30 de julio de 2019
#AGENDA #FERIAS Se viene la Feria de Editores
lunes, 22 de julio de 2019
#Recomendado #NovelaNegra #NovedadesEditoriales El Aspecto del Diablo de Craig Russell
EL ASPECTO DEL DIABLO
Craig Russell
Roca Editorial (PRHGE), Disponible en agosto 2019.
¿Cómo atrapas a un asesino cuando estás rodeado de locura?
Situada bajo la sombra de la oscuridad de los nazis que estalla al otro lado de la frontera de Checoslovaquia, El aspecto del diablo es una novela llena de imaginación y altamente adictiva.
1935. Mientras Europa se prepara para una guerra funesta, seis homicidas dementes, conocidos como «Los Seis Diabólicos», se encuentran confinados en un manicomio ubicado en un castillo de una zona rural de Checoslovaquia. Cada uno de estos pacientes tiene su propia historia, todas ellas tan oscuras como perturbadoras. Utilizando nuevas técnicas revolucionarias, el doctor Viktor Kosárek, un joven psiquiatra, tiene la misión de desentrañar los secretos de sus asesinatos.
Al mismo tiempo, un asesino en serie apodado «Delantal de cuero» en los periódicos va dejando un reguero de muertes por toda Praga. Eludiendo continuamente a sus perseguidores, todo parece indicar que estos perversos crímenes los hubiese cometido el mismo Diablo.
¿Cuáles son los nexos entre este terrible asesino y los presos dementes en el castillo de las Águilas? Solo el Diablo lo sabe. Y depende de Viktor hallar la verdad.
SOBRE EL AUTOR
Craig Russell nació en Fife, Escocia, y ha trabajado como agente de policía, corrector de textos en una agencia de publicidad y director creativo.
Es autor de la exitosa serie que protagoniza Jan Fabel, ambientada en Hamburgo y de la que Roca Editorial ha publicado cinco novelas: Muerte en Hamburgo, Cuento de muerte, Resurrección, El señor del Carnaval y La venganza de la valquiria. En 2007, se le concedió el prestigioso premio Polizeistern (Estrella de la policía) que concede la Policía de Hamburgo y ha sido el único autor extranjero en recibir este galardón. El año 2008 ganó el CWA Dagger in the Library por su serie Fabel y, en 2015, el McIlvanney Prize por The Ghosts of Altona. También ha sido finalista, entre otros premios, del CWA Duncan Lawrie Golden Dagger, la más importante distinción del mundo para escritores de serie negra, así como el SNCF Prix Polar en Francia.
Russell es también el autor de la serie negra protagonizada por el detective Lennox. Su obra se ha traducido a veinticinco idiomas y ha sido adaptada a la pantalla en varias ocasiones. Su última novela, El aspecto del diablo, ha sido seleccionada para el Wilbur Smith Adventure Writing Prize de 2019.
viernes, 12 de julio de 2019
NETFLIX ANUNCIA UNA SEGUNDA TEMPORADA DE LOVE, DEATH & ROBOTS
Después del impacto que provocó el estreno de la serie antológica animada Love, Death & Robots, la cadena de streaming Betflix anuncia la producción de una segunda temporada. La serie es producida por Joshua Donen, David Fincher, Jennifer Miller, y Tim Miller y contará con nuevos episodios de corta duración basados en relatos de ciencia ficción, fantasía, comedia o terror con robots, el amor y muerte como columna vertebral, tal como indica su nombre.
La primera temporada de la serie tuvo dieciocho episodios de animación adulta en diferentes estilos. Algunos eran adaptaciones de relatos de grandes autores de la ciencia ficción y el terror contemporáneos como Peter F. Hamilton, John Scalzi, Alastair Reynolds, Ken Liu, Claudine Griggs, Joe Lansdale o Marko Kloos entre otros.
lunes, 24 de junio de 2019
#FRAGMENTOS Sólo te quiero como amigo de Dani Umpi - Novedad Julio de Blatt & Rios
de Dani Umpi
Colección Blatt & Ríos
Montevideo, primera década del siglo XXI. El narrador de Sólo te quiero como amigo cae “en la trampa de las parejas con apartamento luminoso y división de gastos diarios”. La novela, que va y viene en el tiempo, se interroga por el lugar del amor en las relaciones, y por las relaciones en sí. Como todo en Dani Umpi, las frases brillan con chispa, humor e inteligencia (y, quizás, un poco de psicosis). La soledad, la inseguridad, las supuestas ventajas de la vida moderna son puestas en crisis por esta pequeña, y nada pretenciosa, obra maestra.
Dani Umpi nació en Tacuarembó, Uruguay, en 1974. Es escritor, músico y artista visual. Publicó las novelas Aún soltera (Eloísa Cartonera, 2003), Miss Tacuarembó(Interzona, 2004), Sólo te quiero como amigo (Interzona, 2006) y Un poquito tarada (Planeta, 2012); los libros de cuentos Niño rico con problemas (La Propia Cartonera, 2009), El vestido de mamá (con ilustraciones de Rodrigo Moraes, Criatura, 2011) y ¿A quién quiero engañar? (Criatura, 2013); y la selección de poemas La vueltita ridícula (Vestales, 2010). Como músico, editó los discos Perfecto (2006), Dramática (2009), Mormazo (2011) y Lechiguanas (2017), entre otros.
LEE UN FRAGMENTO ACÁ:
Uno
Es muy fácil darte cuenta cuándo tu novio te va a dejar. Es como
en el resto de los acontecimientos de la vida. Nada cae del cielo de repente,
de improviso, pataplum. Abrís el botiquín y ya no está el desodorante. Lleva su
tiempo, su vuelo, su aterrizaje, su germinación y putrefacción. Pum, pum, pum,
pataplum. No es un golpe seco que sale quién sabe de dónde. Nada que ver. Es un
pausado abrir y
Es muy fácil darte cuenta cuándo tu novio te va a dejar
porque intenta vivir en aparente serenidad, mientras los detalles se tornan
grotescos, multiplicándose como en esos documentales sobre células fagocitadas.
Critters. En cualquier circunstancia, en cualquier sitio, de cualquier manera,
sus movimientos se vuelven aleatorios, inconexos, ridículos. Sin embargo,
tienen su lógica. Dice que va a la casa de su madre, llamás por teléfono, ella
atiende y confiesa que no lo ve desde el fin de semana. Lógica. Sigue la lógica
que tiene el mundo cuando tu pareja te va a dejar. Titubea y de pronto, en dos
segundos, suelta lo que no pudo decir en meses. “Me voy, no me busques ni llames
a mi madre, por el bien de los dos, quedate con la licuadora”. Se va. Deja la
puerta abierta. Se va. Llega un momento en el que se va, pero uno se puede dar
cuenta antes, antes de llamar a su madre, antes de escuchar lo de la licuadora,
antes de recordar lo de las células y el huevo, antes de pensar que todo parece
salido de una película.
Uno rebobina.
Dos
Unos pocos días antes de la partida, el plan de felicidad imperante
se va de las manos y no hay marcha atrás. No es algo que le ocurre a él, una
falla suya, sino algo personal, nuestro, algo que siente uno mismo y es
imposible controlar: el futuro autónomo. Ya está. Vuela. Es como si ya se
hubiera ido. Parecía que ya se había ido. Yo lo veía venir, trotando a paso
seguro, pero quedaba callado, ni siquiera lo pensaba detenidamente. Me daba
cuenta de que me iba a dejar y me dejaba llevar. ¡Arre! Mejor dicho, simulaba
dejarme llevar, zambullirme, hacer la plancha, pero apenas él se ausentaba del
apartamento yo me ponía a copiarle sus CDs que más me gustaban. Discos de Bebel
Gilberto, remixes incluidos, que sonaban a cada rato, día y noche, tratando de
imaginar que estábamos en un pub veraniego o en cualquier otra ciudad, rodeados
de gente resuelta, bien vestida, bien peinada, hablando risueñamente de viajes
y millas acumuladas. Evasión. Jet lag constante. Simplemente percibir el
treinta por ciento de la realidad, sustituyendo las palabras por gestos. Una acción
equivalía a un diálogo y todos concluían con la palabra “no”. Llega un momento
en el que, por hache o por be, no hay más palabras, no hay más anécdotas, hay que
copiarle todos sus CDs. Llega un momento en el que uno quiere salir, ir a
alguna fiesta a que se te acerque alguien vestido modernamente, hablar de
música, de Bebel Gilberto, que qué buena que es y que esto y lo otro. Uno
quiere coquetear, segregar endorfinas, buscar la novedad, decir “¿qué tal?”.
Alejarse del tambaleante equilibrio de apostar a la pareja y creer que se gana.
Yo quería eso pero me engañaba y me hacía creer que quería otra cosa. Caí en la
trampa de las parejas con apartamento luminoso y división de gastos diarios.
Sólo nos faltaba el gato. Siempre es así. Se van y te dejan hablando solo, en
silencio, como si fueras un gato con siete vidas. La puerta queda abierta y uno
queda sin saber qué hacer, si conseguirse un gato, si devolverle la licuadora,
si cerrar la puerta, si ir a alguna fiesta, si escuchar música, si llamar a su
mamá, si planear un viaje a Brasil, si meterse en el baño o en la cocina. Uno
busca el desodorante en el botiquín y ya no está. Se lo llevó. Hay que ir a la
farmacia y comprar otro. Otro desodorante con otro perfume. Si juntás dos
etiquetas te regalan un tercer desodorante. Pero por ahora tenés sólo uno. Hay
que empezar todo de nuevo. Estás solo. Te dejaron solo. Todavía no se lo contaste
a un amigo. ¿Para qué? ¿Para que te diga “dale,
vamos a bailar”? No. Es demasiado, entonces te distraés. Estás
solo y vas a la cocina. Después llamarás a tu amigo y a tu hermana.
En la cocina uno piensa para atrás, rebobina, trata de llegar
a la célula inicial, saca conclusiones, descubre metáforas rudas, reflexiona
apresuradamente sabiendo que ya es tarde. Sólo logramos justificar lo obvio. Mi
justificación era: “esto le sucede a todo el mundo; en algún momento te dejan”.
Hay que improvisar movimientos mecánicos para poder pensar mejor y no
confundirnos con las distracciones, las fantasías, eso de que es algo que le
sucede a todo el mundo, eso de que en Brasil las cosas serían mejor. Uno no
sabe qué hacer. Uno abre un cajón cualquiera, lleno de cubiertos, después va al
baño y abre el botiquín buscando el desodorante. Yo hacía esos gestos a
propósito, como si realmente buscara algo, un secreto escondido,
porque cuanto más nos conocíamos más lejos estábamos
uno del otro y más secretos nacían sin querer ser
compartidos. Vivíamos una relación inversamente proporcional. Muchos secretos
escondidos, muchos cajones. Yo ya los había descubierto a todos, los había revuelto
a todos, todos los cajones, todas las agendas con celulares sospechosos, todos
los celulares eran sospechosos, pero sentía que me faltaba un cajón, un motivo,
un celular, una célula que lo explicara todo convincentemente, un secreto más
didáctico, un huevo. No me eran suficientes los indicios que tenía ni su
despedida clara, irremediable. Abría cajones y recordaba momentos al azar.
Sonaba el teléfono, yo atendía y cortaban. Sonaba el teléfono, yo atendía y
cortaban. Critters. No era su mamá. Eso me daba miedo. Imaginarme viviendo sin
él me daba miedo y, para tranquilizarme, pensaba que nuestros problemas eran
nada comparados con las tortuosas relaciones de sus amigos con gente del chat
que terminaban robándoles todo. Siempre contaban esas historias. Sus amigos sin
pareja estable escondían las chucherías, los after shave, los cintos vistosos
tan cotizados y fáciles de manotear. Estaban llenos de cajones. Nada a la vista
por miedo a que los robaran. Sólo ellos y sus gatos. Un tipo que se hace llamar
Amplio33 viene con una mochila, te da unos besos, elogia tu corte de pelo, acaricia
el gato, saca un revólver y se lleva todo. Critters. Después cuentan la
anécdota airosos, brindando, comiendo chizitos en alguna reunión. Enseñan sus
cicatrices cual escarapelas.
Los dormitorios de sus amigos son como un hotel; la cama, el
placard, el espejo y un rollo de papel higiénico. Son como gatos. Esa vida les
genera ronroneos, adrenalina, excitación, eyaculación precoz y todas esas cosas
tan dinámicas de la juventud y la independencia. En realidad ese era justamente
el problema, nuestro relacionamiento insulso, intrascendente, gastado,
avejentado y sin onda. Queríamos cambiar de canal, anotarnos en un club,
comprarnos ropa más moderna, cintos, accesorios, productos de belleza,
mascotas, gatos, volvernos famosos, entrar en el chat, ir a fiestas,
aventurarnos, viajar. Él pensaba lo mismo, lo mismo que yo pensaba al verlo
cada día; aunque en realidad lo que él menos soportaba era que yo usara siempre
la misma ropa. Siempre lo supe. Es fácil darte cuenta. Te mirás en el espejo y
te das cuenta de que llevás puesta la misma camisa de hace cinco años. Ese no
es un verdadero problema. El verdadero problema es que él ya se dio cuenta de
eso a la segunda semana de conocerte. A todo el mundo le sucede. Todo el mundo
sabe que no se deberían usar camisas. Él se daba cuenta. Sabía que existían
chicos que no usaban camisas, chicos más lindos que yo, más adinerados que yo,
más desenvueltos que yo, más modernos que yo, que no tenían ni idea de lo que
son las homeopatías. Chicos ágiles, saltarines, de buen pelaje, con mochilas,
llenos de piercings, saliendo de debajo de las piedras, en las discotecas, en
los chats, en cualquier sitio.
Chicos que fueron fanáticos de Tinelli y ahora miran animé.
Él lo sabía y los conocía con nombre y apellido. Les pagaba tragos, se burlaban
de los programas nuevos de la tele, criticaban la cultura de los noventa, la
música del boliche, la gente que dice la palabra “glamour” y el mundo en
general, acodados en una barra, mirándose a los ojos y sacando pecho como
gallitos, palomitas, sintiéndose superiores al hablar de esas cosas, cosas que
hay en internet, en colores flúo, en Europa, o en Japón, donde todo es mucho
mejor. Se reían como locos y después intercambiaban números telefónicos,
borrachos de bebidas energizantes. Sus nombres completos en unas tarjetas
naranjas, con caritas hechas con puntos, comas, paréntesis y, resaltado en
negrita, las palabras “diseñador gráfico”, “diseñador de modas”, diseñador de
algo, algo de eso.
Yo también lo sabía. Era como si estuviéramos resignados a
la espera de que todo cayera por su cuenta, o que un tercero nos revelara la
solución mágica para naufragar en el maremoto. Un Tsunami. El Tsunami fue muy
bueno porque de un día para otro mostró un montón de especies marinas
desconocidas por el hombre; cuando el agua volvió a su sitio, en la playa
quedaron cadáveres de peces monstruosos, amorfos, rarísimos, pinchudos, con
dientes transparentes y luces. Los científicos no sabían si ayudar a los
sobrevivientes o recolectar los peces antes de que se pudrieran. Muchos se
quedaron en la playa con tubos de ensayos y cámaras digitales. Otros
abandonaron su tarea y se pusieron a reconstruir casas para los niños
huérfanos. Yo quedé duro, observando sin mover un dedo. El monstruo apareció,
salió a flote.
Se fueron juntos dejando la puerta abierta, abrazados, consolándose,
cada uno con una mochila repleta de cosas que agarraron a manotazos en tres
segundos. CDs, lentes, tazas, revistas, el desodorante, el remedio para las
aftas. Hacía frío. Me quedé solo, ordenando. Las cucharas con las cucharas. Los
cuchillos con los cuchillos.
Llamé a mi hermana. No estaba. Dejé un mensaje críptico para
enloquecerla, para que entrara en pánico y corriera a ayudarme. Llamé a un
amigo al azar (por no decir que es el único amigo que tengo) y me invitó a
bailar. Nos encontramos a la noche, tardísimo, en la esquina de la discoteca
con el pelo mojado, recién bañados y recién cenados. Le conté algunos detalles
en el trayecto hasta la puerta.
jueves, 11 de abril de 2019
#REGALO # FRAGMENTOS El primer ensayo de LA VISTA DESDE LAS ÚLTIMAS FILAS de Neil Gaiman (Malpaso Ediciones)
«Creo
que, en la batalla entre las armas y las ideas, las ideas siempre vencerán.»
CREDO (1)
Creo que es difícil matar una
idea, porque las ideas son invisibles y contagiosas, y se mueven con rapidez.
Creo que puedes contraponer tus propias
ideas a las ideas que no te gustan. Que deberías ser libre para discutir,
explicar, aclarar, debatir, ofenderte, insultar, enfadarte, burlarte, cantar,
dramatizar y negar.
No creo que quemar, asesinar,
hacer volar por los aires a la gente, aplastarles la cabeza con una piedra
(para extraerles las malas ideas), ahogarlos o incluso vencerlos sirva para
contener las ideas que no te gustan. Las ideas brotan donde menos te lo
esperas, como las malas hierbas, y son igual de difíciles de controlar.
Creo que la represión de las ideas
contribuye a propagarlas.
Creo que las personas y los libros
y los periódicos son recipientes de ideas, pero que quemar a las personas que
defienden una idea es tan inútil como poner una bomba incendiaria en los
archivos de un periódico. Ya es demasiado tarde. Siempre lo es. Las ideas ya
están fuera, escondidas tras los ojos de la gente, esperando en su pensamiento.
Se pueden susurrar. Se pueden escribir en los muros, en el silencio de la
noche. Se pueden dibujar.
Creo que las ideas no tienen que
ser correctas para existir.
Creo que tienes todo el derecho
del mundo a sentir con certeza absoluta que las imágenes de un dios o de un
profeta o de un humano que veneras son sagradas e incorruptibles, del mismo
modo que yo tengo el derecho a sentir la certeza de que el discurso es sagrado,
y que el derecho a burlarse, a criticar, a discutir y a expresarse es
inviolable.
Creo que tengo derecho a pensar y
a decir cosas inoportunas. Creo que, si quieres remediarlo, deberías discutir
conmigo o ignorarme, y que yo debería hacer lo mismo cuando considero que
piensas algo inoportuno.
Creo que tienes todo el derecho
del mundo a pensar cosas que yo encuentro ofensivas, estúpidas, absurdas o
peligrosas, y que tienes derecho a decir, escribir o divulgar estas cosas, y
que yo no tengo derecho a matarte, a mutilarte, a hacerte daño o a privarte de
tu libertad o de tus propiedades porque encuentro que tus ideas representan una
amenaza o un insulto, o son realmente detestables. Es probable que tú pienses
que algunas de las mías también son abominables.
Creo que, en la batalla entre las
armas y las ideas, las ideas siempre vencerán. Porque las ideas son invisibles,
y persisten y, a veces, hasta pueden ser ciertas.
Eppur si muove: y sin
embargo, se mueve.
1 Algunos pasajes de este texto se
publicaron por primera vez en The Guardian el 19 de enero de 2015, con
ilustraciones de Chris Riddell. Se publicó en su versión íntegra en The New Statesman el 27 de mayo de 2015, con
ilustraciones de Dave McKean.
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